LAS AGUAS SUBEN TURBIAS

LAS AGUAS SUBEN TURBIAS 

1.- Para ubicarnos 

 Hace años que Argentina viene sufriendo todo tipo de agresiones. Así, quienes promediamos los cincuenta años, estamos cansados de contar revoluciones, autoritarismos, elecciones dudosas, guerrillas, venganzas, corrupciones, incapacidad, devaluaciones, incautaciones, componendas, abusos, fraudes, catástrofes naturales y artificiales y toda suerte de calamidades que siempre terminan perjudicando al ciudadano común, el último eslabón de la cadena, quien no tiene a quien recurrir por ayuda o consuelo. Testigos de una nación que paulatinamente se fue disgregando a causa de los malos gobiernos, intuimos que somos víctimas de un plan ignominioso que no falla en ninguno de sus pasos, porque fue desarrollado por mentes brillantes y puesto en práctica por una corte de demonios. Hoy Argentina existe sólo porque su clase media aún se niega a sucumbir, y se esfuerza por sobrevivir con desesperados manotazos como los pasajeros del Titanic. Estamos cercados por todos los frentes. Nos agobian desde afuera y desde adentro. Nos castigan los hombres y los elementos. Tal vez hasta los Dioses estén aprovechando la ocasión de darnos una buena azotaína y cobrarnos deudas cármicas de alguna pasada época que no recordamos. Sea lo que fuese, lo cierto es que ya estamos cansados de tanto castigo. Pero parece que aún no fue suficiente. Cuando creemos que ya no puede sucedernos nada más, aparece un nuevo azote. Según lo que oímos, ahora nos están amenazando las aguas. 

 2.- La amenaza de las aguas 

 Durante los años 80 comenzó a circular el rumor de que en algunas localidades de la provincia de Buenos Aires ocurría un extraño fenómeno: se inundaban sótanos, fosas y subsuelos, y en algunos lugares bajos hasta afloraba el agua espontaneamente como de una gruta milagrosa. Hartos de rumores infundados, los que nos preciamos de sensatos supimos que debíamos investigar o esperar atentos a ver en qué terminaba aquello. En algún momento circuló un raro mapa de ignorada procedencia, en el que Argentina aparecía diferente, con una gran parte de su actual llanura cubierta por el mar. Así se fueron sumando historias, leyendas y profecías, hasta despertar dudas y temores en el más incrédulo. Poco a poco las localidades afectadas se señalaron con exactitud, hasta el punto que cualquiera podía ubicarlas en una guía y recordarlas con precisión. No eran pequeños pueblos ignotos del interior a los que se les podía atribuir un raro fenómeno local, sino ciudades conocidas e importantes en las que no cabían el error, la exageración o el amarillismo. Las primeras noticias de aguas ascendentes partieron de Marcos Paz y Navarro, dos partidos situados un poco más allá de los suburbios, a un par de horas de la Capital. Se explicaba que en algunos talleres se habían inundado las fosas y que en algunas viviendas los sótanos y garages bajos estaban anegados. Con la descripción de los síntomas llegó también el diagnóstico, y el término “napas ascendentes” se popularizó con un halo de misterio y temor. Pronto circuló la versión de campos en los que aparecían lagunas que no se secaban y de cunetas que conservaban agua aunque no hubiese llovido. De zonas en las que no se podía sembrar por el exceso de humedad y de caminos rurales que se convirtieron en barriales permanentes. De lugares en donde las propiedades bajaban de precio a causa de las reiteradas inundaciones. Pronto comenzaron las controversias a causa del exceso de lluvias provocado por la Corriente del Niño, la falta de obras hídricas que favorecieran el natural desagüe hacia la costa y la desidia de las autoridades que nunca se ocuparon de atender los requerimientos de la naturaleza. También aparecieron denuncias con respecto a propietarios que trazaban canales ilegales en sus campos para librarse de una inundación persistente derivándole el agua a sus vecinos, algunos de los cuales con ese obsequio terminaban perdiéndolo todo. Y de otros vivillos que aprovechaban la calamidad para provocar inundaciones intencionales que le permitieran comprar propiedades a precio de bicoca. Se llegó a hablar, y se habla todavía, de la “guerra del agua”. Pero esos incidentes no siempre estaban relacionados con el tema de las napas. No tardaron en aparecer noticias alarmantes dentro de los suburbios. Lomas de Zamora en el sur, Ciudadela en el oeste y José León Suárez en el norte, pronto fueron famosas por sus problemas con las napas. Aquí el trastorno se manifestó con la mayor gravedad, porque se trataba de ciudades populosas, porque los daños eran severos y porque las viviendas afectadas en muchos casos eran costosas, modernas y bien construídas. Ya no se podía hablar de pueblos perdidos, de barrios de emergencia, de fenómenos locales ni coincidencias lamentables. A esta altura de los acontecimientos, el tema de las napas ascendentes se había constituído en un verdadero azote. La población alzó la voz y comenzó a increpar a las autoridades, que permanecían imperturbables ante la amenaza, como si no ocurriera nada. Cuando el problema irrumpió en algunas zonas de la Capital, se supo que estábamos ante un drama colectivo de alcances inimaginables. Villa Devoto, Villa Real y Versailles fueron los primeros barrios afectados, seguidos por algunos sectores de la franja paralela a la Av. General Paz. A fines del 2002 vemos que el problema creció notablemente. San Fernando, Lomas de Zamora, La Matanza, Almirante Brown, Esteban Echeverría, Ezeiza, Morón, Ituzaingó, Hurlingham, General San Martín, San Isidro y Tigre se sumaron a la lista de distritos suburbanos afectados. A ellos se deben sumar otros distritos del interior de la provincia, más varios distritos pertenecientes a otras provincias, como Santa Fé, Entre Ríos, La Pampa y Córdoba. Cada distrito con su problema, a causa de su río, su arroyo o su bajío. 3.- Causas del Fenómeno Como en todos los grandes problemas, las causas son muchas y se entremezclan entre sí, debido al tiempo en que se vienen manifiestando. Además, hay causas naturales y artificiales. Y finalmente hay un amasijo de dudas, polémicas y culpas que tienden a empeorar el panorama general del asunto, con grandes probabilidades de hacerlo insoluble y volverlo una aterradora calamidad. 

Podrían analizarse las causas con un mínimo orden lógico. Primero veamos cuales son las naturales, que son las menos. a.- La Corriente del Niño: El Niño es una manifestación natural del clima que aparece con una periodicidad de dos a siete años. Es el resultado de la búsqueda del equilibrio dinámico entre el océano Pacífico ecuatorial y la atmósfera a través de un proceso que se autoalimenta en forma permanente provocando que el clima se condicione por el comportamiento de los océanos, los vientos regionales y la temperatura de las aguas. Ante la coincidencia de ciertos factores, un pulso Niño se dispara y desarrolla un ciclo que puede extenderse por más de un año, modificando las condiciones atmosféricas y manifiestando su efecto en las precipitaciones. (De Semanario Colón Doce, del 22/09/02) b.- El Efecto Invernadero: Sabemos que el paulatino aumento de la temperatura global por diversos factores, está ocasionando un lento pero firme derretimiento de los hielos polares, lo que trae aparejado un incremento en las precipitaciones en todo el mundo, con el consiguiente aumento en los niveles de las aguas de superficie y de las napas. Las causas de este incremento es el exceso de anhidrido carbónico en la atmósfera y posiblemente también el “agujero de ozono”, ambos fenómenos causados por la estupidez humana, que no cesa. Ahora veamos cuales son las artificiales, las más numerosas y variadas. a.- La Urbanización descontrolada: El crecimiento de las ciudades sin que se apliquen efectivamente las normas en vigencia, ocasiona que las construcciones avancen arbitrariamente sobre los espacios verdes rompiendo el mínimo equilibrio natural imprescindible. La falta de plazas suficientes, la pérdida de los pulmones de manzana, la paulatina desaparición de canteros y jardines y el aumento de superficies impermea-bilizadas, imposibilitan la respiración del suelo, con todos los procesos naturales que son consecuencia de ello. b.- La urbanización inadecuada: El rápido crecimiento de la población obliga a extender la construcción de barrios de mediano y bajo costo. Por ello es que aparecen organizaciones inmobiliarias inescrupulosas que aprovechan esta situación para apropiarse de terrenos bajos a los que en poco tiempo los preparan, lotean y venden a precios de ganga o en planes a largo plazo. La población carenciada y sin mayor formación es presa fácil de esas organizaciones que deben calificarse llanamente como delictivas, que los arroja en medio de un problema que luego nadie puede remediar. En estos casos también parte de la responsabilidad es de las autoridades, que permiten a las organizaciones concretar su plan, dejando que se cubra un espacio que sólo debiera destinarse a la arborización como espacio verde. c.- La desaparición de los bosques naturales: Si bien no existieron bosques importantes en Buenos Aires, no se puede negar la importancia que tiene en todo el mundo la rápida destrucción de los bosques, selvas y montes en general. Además, en Buenos Aires debe agregarse la notoria disminución de la explotación agrícola, todo lo cual incide en buena medida en el equilibrio de la humedad de la atmósfera y el suelo. Y también la cada vez más generalizada tendencia a quitar árboles añosos que con sus raíces dañan veredas, tapiales, paredes, cañerías, pozos ciegos y natatorios. Nadie considera que es imprescindible reponer cada árbol talado, y que en esta época por cada uno quitado se deberían plantar dos o más, para compensar el déficit de árboles y el aumento de población. d.- Las grandes represas: Cada represa significa la presencia de una gran masa de agua en lugares donde la naturaleza no lo previó. En consecuencia, cada una provoca una serie de estímulos hacia ella, que indudablemente en algún momento será respondido. Uno de esos estímulos es la filtración de grandes cantidades de agua hacia las napas, simplemente por presión. Y como las napas están conectadas entre sí, los efectos de una represa pueden manifestarse a cientos de kilómetros. e.- La abrupta disminución del consumo de agua de napas: Al implementarse la instalación masiva de redes de agua corriente, disminuyó en forma muy importante la extracción de agua con bombas. A esto debe sumarse la sensible disminución de la actividad industrial en todo Buenos Aires a causa de la recesión económica, lo que también implicó una sensible merma en el consumo del agua de napas. De esta manera, las napas que durante décadas fueron succionadas por miles de bombas, ahora crecen a un nivel incontrolable. f.- El aumento de los pozos ciegos: Si bien esta causa no es de las más significativas, no puede dejar de considerarse debido al aumento de los pozos ciegos domiciliarios, consecuencia directa de la urbanización descontrolada sin la adecuada provisión de desagües cloacales, que en alguna medida contribuye cun sus aportes al incremento de la napa y, especialmente, a su contaminación. g.- La obstaculización de las napas: Las napas corren bajo la tierra en forma de ríos subterráneos, con afluentes y lagos igual que en la superficie. En muchos casos esas corrientes de agua no circulan libremente, sino que lo hacen a través de unas capas porosas del suelo, como si fuera circulando dentro de una gran esponja. El desarrollo o ampliación de nuevas rutas o la construcción de obras importantes que obstaculicen inadvertidamente una de esas corrientes, como los subterráneos, provocaría el efecto de un dique. Un ejemplo de esto es el ensanche relativamente reciente de la Av. General Paz y otro es el barrio “La Horqueta”, en las Lomas de San Isidro, dentro de una “Y” formada por la bifurcación del Acceso Norte en el Acceso a Pilar y el Acceso a Tigre. Si bien estas rutas fueron construídas hace tal vez más de treinta años sin que se informen trastornos, urbanizar la superficie entre los brazos de la “Y” podría ser un factor desencadenante, y en cualquier momento podrían darse a conocer anomalías en el comportamiento de las napas. h.- La obstaculización de ríos y arroyos: Es muy difícil para nuestra civilización vivir en armonía con el medio ambiente. Tal es así que permanentemente estamos infligiéndole agresiones, sin recapacitar en que en algún momento él se recuperará de tanto abuso. La ley de acción y reacción es inalterable, y deberíamos temblar al considerar los excesos cometidos en todo el mundo. Pero limitándonos al tema que nos interesa, es inconcebible la inconciencia de la población con respecto al respeto que merecen los ríos, arroyos y toda corriente de agua. Pocos saben que esas corrientes son las arterias y venas de la tierra, y que dañarlas significa un mal irreparable que se vuelve en nuestra propia contra. Sin embargo, todos las corrientes de agua de la zona suburbana están alteradas por inexplicables depósitos de residuos que arrojan los mismos vecinos. Diariamente se arrojan toneladas de desechos a los cauces indefensos, en algunos casos hasta haberlos obstruído por completo. Estos abusos por lo general coinciden con asentamientos de barrios precarios con elevado índice de analfabetización, lo que les impide conocer el daño que hacen. Junto a la ignorancia marchan juntas la violencia, la marginalidad, la ociosidad y el delito, lo que permite hacer del problema un pronóstico negativo. La no intervención de las autoridades contribuye a su agravamiento, máxime sabiendo que en muchos casos establecen acuerdos delincuenciales con industrias que arrojan pinturas, lubricantes, combustibles y hasta desechos químicos de gran toxicidad, como el arsénico y el cianuro. En estos casos el daño ecológico es mucho mayor, debido a que las filtraciones líquidas desde la superficie hacia ls napas arrastran contaminantes que dañan las reservas hídricas que un día necesitaremos. Hoy envenenamos el agua que mañana deberemos beber. Finalmente, hay otras causas que no son naturales ni artificiales que ponen al asunto un matiz de conflicto insoluble por tratarse de dudas, polémicas y culpas que dificultan el diálogo, el análisis sensato y la posibilidad de hallar una solución. Veamos cuáles son ellas. a.- Los intereses económicos: Estamos acostumbrados a que ante cualquier problema siempre descubrimos a alguien que se beneficia con él. En el caso de las napas ascendentes, es fácil suponer que haya alguien lucrando con algo tan grave. Funcionarios, industriales, comerciantes y hasta vecinos, pueden recibir jugosas comisiones por servicios prestados. En este caso, el drama de las napas generó la idea de las bombas. Alguien supo que podría controlarse el aumento de las napas con bombas de achique. Tal vez por la necesidad de creer en algo, a nadie se le ocurrió que achicar las napas con bombas es parecido a achicar un río o un lago. Reflexionemos acerca de cuántas bombas se deberían comprar para achicar las napas, acerca de cuánto cuesta cada una y acerca de la necesidad de que quienes las puedan proveer accedan a reducir sus utilidades para beneficio de la sociedad y de que nadie intercepte esa reducción de utilidades. b.- Los intereses políticos: Es una actitud tan ignominiosa como la anterior y significa que los funcionarios no se ocuparán de hallar una solución al problema hasta que llegue el momento más oportuno para ellos, coincidiendo con la elección de un candidato determinado, que luego aparecerá como un Iluminado, un Salvador, un Mesías. c.- La ignorancia: Cuando un problema se manifiesta, significa que llevó varios años trabajando en silencio y sin que nadie lo note. En consecuencia, para solucionarlo es necesario trabajar el mismo tiempo hasta comenzar a revertirlo. Discutir o ignorar veinte años la naturaleza de un problema luego de su primera manifestación, significa perder un tiempo precioso y darle ventaja. Esta actitud revela una ignorancia elemental propia de sociedades inmaduras incapaces de solucionar sus problemas. Convivir con un drama ecológico por cualquier motivo, es una actitud irresponsable que no se puede admitir en una mente, personalidad o comunidad que haya superado la adolescencia. d.- La incapacidad: Hallarse en una situación comprometida y tolerarla reconociendo que no se tiene la posibilidad de remediarla, significa no conocer, no tener o no poder manejar los medios adecuados para lograrlo. Permitir que un drama ecológico se desarrolle sólo porque no se tiene la capacidad de solucionarlo significa condenarnos a morir por él. Sabemos por experiencia que cuando la naturaleza manifiesta una reacción esta es irreversible y sólo se podrán controlar sus efectos actuando pronto y eficazmente, siempre y cuando ella nos conceda el tiempo suficiente. Si carecemos de capacidad para solucionar este desafío, debemos buscar quien nos auxilie. 4.- Y ahora las consecuencias Para hacer un pronóstico de las consecuencias que podría tener el fenómeno de las napas ascendentes, es preciso analizarlo profundamente. Para ello sería preciso integrar una junta de especialistas con otra de funcionarios. Aunque lo más probable es que el diálogo entre ambas no pase de unos pocos minutos, debido a las diferencias de criterios entre unos y otros. Los especialistas serían profesionales de diversas disciplinas, con títulos habilitantes, años de estudios y experiencias, cursos de posgrado, foros de actualización y una inconmovible vocación de servicio. Los funcionarios, por su parte, en su mayoría serían políticos con antecedentes como Diputados, Senadores, Concejales o cargos similares. En nuestro país, lamentablemente, esos antecedentes no son siempre positivos. Muy por el contrario, son la certeza de que la discusión no logrará ninguna luz y que las buenas intenciones de los especialistas irán a dar finalmente a las mismas napas que están tratando, pero al fondo. En un país donde se destruyeron los recursos laborales, se dañó gravemente la educación, se perjudicaron irreversiblemente los recursos sanitarios, se decapitaron las instituciones, se robaron los ahorros, se mutilaron los servicios sociales, se jugó con la guerra, se liberó casi por completo el consumo de drogas y se implantaron todos los tráficos posibles, es seguro que el problema de las napas ascendentes se tomará como un nuevo medio para lucrar hasta el hartazgo. Dios dirá. En lo que se refiere a un pronóstico serio de lo que podría suceder si no se actúa para controlar este fenómeno, podemos recurrir al antecedente universal de la Biblia. Allí podremos leer en Génesis 8.2 refiriéndose al final del Diluvio Universal: “Y se abrieron las fuentes del abismo y las cataratas de los cielos”, de donde se puede deducir que el supuesto diluvio no sólo se debió a las lluvias -representadas por las cataratas de los cielos- sino también a algún otro fenómeno aparte de ellas -representado por las fuentes del abismo- que bien podrían ser las napas ascendentes. El trabajo de las napas ascendentes puede llegar a ser muy destructivo, aunque es lento y permite adoptar precauciones. Las primeras manifestaciones son el exceso de humedad en la superficie de los terrenos, veredas y calles, las que pueden aparecer como ligeras emanaciones de agua, tanto como un chorro similar al de una canilla apenas abierta. También aparecen manchas en la parte baja de las paredes, mojaduras permanentes en los pisos, acumulación de agua en sótanos, fosas y subsuelos, grietas y caídas de revoques, daños en instalaciones de electricidad, emanaciones entre azulejos y desprendimiento de baldosas, mosaicos y parquets. Luego de un tiempo las manifestaciones aumentan su intensidad hasta ocasionar la descomposición de las raíces de los árboles, algunos de los cuales caen al perder sustentación; dañar los vegetales incapaces de adaptarse al exceso de agua, hasta descomponer huertas y sembradíos; causar el deterioro de veredas, calles y cimientos; generar pantanos, cenagales y lagunas y deteriorar viviendas hasta destruirlas. Puede aventurarse la suposición de que en casos extremos la napa puede elevarse hasta afectar barrios enteros, cubriéndolos por completo si la zona es baja. Y no es una locura pensar en edificios que pierden sustentación por exceso de agua en sus bases. 5.- Soluciones Probables El problema no tiene una solución definida, debido a que estos casos no son de los más frecuentes y no abundan antecedentes. Pero como con cualquier situación anómala, lo primero que se debe hacer es tomar conciencia de ella, para luego reconocer su naturaleza, su magnitud y su gravedad. Ver de qué se trata, evaluar por completo la situación, recurrir a especialistas y preparar una solución sin improvisaciones a la mayor brevedad. En el caso de las napas de Buenos Aires todo está bien definido. Es cuanto a la naturaleza, es un crecimiento anormal pero comprensible de las napas freáticas, ocasionado por diversos factores que se hallan descontrolados. La magnitud también es importante, porque el aumento de las napas abarcan también una parte al menos de las provincias limítrofes. Finalmente, se sabe que de acuerdo al análisis de las denuncias presentadas comenzó a manifestarse hace varios años, se halla en franca expansión y se desconocen los medios para neutralizarlo. La única idea que se presentó fue la de colocar bombas de achique en los lugares más afectados, pero nadie se siente responsable como para hacerse cargo de la erogación seria, regular y generalizadamente. Se trataría de una gran cantidad de bombas de caudal importante, con el personal idóneo para manejarlas, talleres, transportes y una gran variedad de accesorios. Sería bueno utilizar el agua extraída en vez de las que se toman del Río de la Plata para su potabilización. Posiblemente así se revertiría el desequilibrio eficazmente. Pero ocurre que el estado está al borde de la quiebra y Aguas Argentinas, la empresa concesionaria de la red de agua, niega su responsabilidad. Mientras tanto existe el riesgo de que se soliciten indemnizaciones masivas, pues los afectados exigen que se actúe de inmediato al entender que peligran sus viviendas. Un paliativo, no una solución, es la de crear espacios verdes con urgencia en todas las áreas disponibles, plantando especies útiles, de buen requerimiento hídrico y de crecimiento rápido, como ginkos, paltas, nísperos, tilos, palo borrachos y otras similares. Esta medida habría que implementarla inicialmente en todas las zonas bajas donde se levantaron barrios populosos, para que la superficie recupere su condición natural. También habría que aplicarla en todas las ciudades y en todas las casas que tengan el espacio suficiente para albergar un árbol. Otro paliativo es construir la red de desagües que se le adeuda a la ciudad desde hace décadas, ya que el gran crecimiento de la densidad de la población no fue acompañado del crecimiento de la adecuada infraestructura hídrica. Liberar, limpiar y purificar los cauces naturales también ayudaría, aunque sabemos que esta taréa se la han propuesto varios gobiernos sin haber efectuado luego el menor intento, seguramente por las grandes dificultades que hallaría. Tal vez podría haber otras soluciones. Pero estas son las más urgentes, elementales y sencillas. Si no podemos implementar estas, mal podemos pensar en algo más. Lamentablemente pasaron muchos gobiernos que ni se interiorizaron del tema, pero gastaron mega fortunas en trivialidades insensatas. 6.- Conclusión Lo cierto es que las soluciones no llegan, no hay respuestas serias ni coherentes y nadie se interesa en el tema fuera de los afectados. Ante esta situación, no es posible ser optimistas. A fines de 2002, podemos estar seguros de que el problema de las napas ascendentes será uno más de los muchos problemas que afectan a la Argentina que nunca tendrán fin, porque eso no conviene a mil oscuros intereses que nunca salen a la luz y de los cuales debemos buscar a los culpables entre los políticos y los capitales más importantes del país y del mundo. Una de las naciones ricas y prósperas del mundo se volvió paulatinamente en cincuenta años, en una ruina completa. Su pueblo, otrora culto, laborioso y pujante, actualmente evidencia un alto índice de analfabetismo, una marcada desnutrición, una desocupación en constante aumento y una carga de hostigamiento social sin precedentes a través del vaciamiento de la atención sanitaria, la circulación cada vez mayor de estupefacientes, la violencia y el libertinaje y la pérdida de las Instituciones. Tal vez las napas ascendentes sirvan para cubrir en un futuro cercano sus despojos. Pero en 2025, tras varios años de inexplicable silencio el tema parece haberse tranquilizado, si bien para nada solucionado. Hubo obras e intento de obras, algunas de las cuales causaron gran revuelo y quedaron inconclusan por razones netamente políticas: el soterramiento del FC. General Sarmiento y lsmsgna obra del entubado del Riachuelo, del que simplemente dejó de hablarse, luego de mil acusaciones contra el Presidente Mauricio Macri, que juraría son todas infundadas y falaces. Así las cosas, seguimos “pateando la pelota fuera de la cancha para que pase el tiempo” pero sin hacer nada. Posiblemente seguiremos así hasta que una nueva creciente nos cubra por completo, o llegue un presidente con muchas agallas que tome el toro por las astas y las obras se hagan por decreto. Al inicio del 2025 la política del “No hay plata” no permite hacer obras, debido a la verdadera crisis económica del país. Tal vez el Presidente Javier Milei dé un golpe de timón y produzca el milagro en el momento oportuno. Pero por ahora, debemos esperar.

 MIGUEL JOSE KEEGAN TERRAZA 
Villa Ballester, Buenos Aires, 
30.11.02 Sin modificaciones al 26.01.2025 
 miguelkeegan@yahoo.com.ar


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