CRÓNICAS DE MIS LUNAS
CRÓNICAS DE MIS LUNAS
(Un cuento breve)
1 – Lunas de Infancia
Desde la infancia la luna ejerció sobre mí, como le sucede a tantas otras personas, una rara fascinación.
Cuando todavía ni siquiera caminaba con seguridad, contemplaba el cielo durante largo rato acostado sobre el césped. Buscaba en las formas de las nubes figuras familiares, en un juego de fantasía y realidad que no comprendía, pero disfrutaba como un juego infinito y bello.
Durante el día, el sol y la luz permitían agregar al conjunto infinidad de ornamentos y colores en una fácil composición. Sólo debía tomar las piezas y colocarlas en el tablero azul del firmamento. Cambiaba el punto de vista y cambiaba el paisaje. Podía observar panoramas increíbles desde las ramas de los árboles, los tejados y azoteas, los postes y cables de la calle y las chimeneas de las cercanas fábricas.
Durante la noche no era tan fácil, pero nubes y estrellas aportaban un beneficio incalculable. Y cuando había luna… había entonces una magia única que cambiaba por completo la técnica del juego. Por las noches, si bien no podía apreciar las formas y colores del entorno, el cielo se me presentaba como un caleidoscopio de figuras, contrastes y movimientos. Era como un río de imágenes caprichosas y abstractas, a las que debía primero identificar, ordenar y buscarles el sentido. Poco a poco iban apareciendo mascotas, flores, objetos y rostros.
Las imágenes que me proponía el conjunto de nubes con la luna eran fascinantes. Siempre hallaba la figura de mi Mamá, en diferentes actitudes. Cocinando, cosiendo, lavando… Hasta podía distinguir detalles mínimos como vapor, espuma y el fuego acogedor del fogón.
Las estampillas de una carta, la fotografía de la tía Adela, la mecedora de la abuela y cualquier objeto existente, yacía en algún lugar del tablero mágico de la luna en mi cielo infantil de Boulogne. Sólo había que buscarlo…
Como siempre sucede, un día hubo un gran cambio que no pude percibir con anticipación y mis lunas de infancia sufrieron una gran modificación. Fue más geográfica que consciente y pronto se trocaron en otras que surgieron desde un sitio y una configuración diferentes, pues nos habíamos mudado.
2 – Lunas de Niñez
Como a todos los chicos le sucede, mi niñez comenzó cuando me enviaron al Colegio. La vida se modificó drásticamente y nuevos objetos aparecieron en mi universo infantil a partir de las nuevas obligaciones. El reloj, la radio, el mástil y la bandera, el guardapolvo y mil objetos más se sumaron a la nutrida galería ya existente. Pero antes también debí familiarizarme con los anteojos, que me acompañarían por siempre. Curiosamente podía sin dificultad pasarme una noche entera adivinando las caprichosas grafías de las nubes y la luna, pero a causa de una seria miopía no podía distinguir a mi Madre entre las personas que andaban por la vereda. Desprenderme de las manos de mis mayores, siempre daría inicio a una frenética búsqueda que duraría hasta restablecer la conección…
En esa época buscaba los objetos desde el patio de la nueva casa, sentado en un banquito multiuso que tanto servía para buscar formas en la luna como para hacer los deberes y tomar la merienda. Como nos habíamos trasladado unas diez cuadras hacia las afueras de la ciudad, desde aquel patio tenía una visual de horizonte completo, cuyo final lo señalaban sin dejar lugar a dudas, las lejanas torres de Radio El Mundo. El nuevo cielo nocturno fue un jardín zoológico, un mapamundi sin principio ni fin y un gran museo de todas las cosas que existían y no.
Allí descubrí el juego de la luna con las nubes, en el que trataba de descubrir los detalles de una supuesta carrera de vellones luminosos, o la manera de acomodar unas y otras para que formen nuevas figuras, como un movedizo rompecabezas.
En algún momento apareció en mi vida la Enciclopedia, un librote gordo y fuerte capaz de llenar una mente en blanco hasta convertirla amenamente en un manantial de conocimientos. Y fue entonces cuando mis lunas acomodaron las nubes para formar mapas, próceres y mil otros objetos que, aunque los descubría en ella, tal vez nunca vería en la realidad.
Fue una linda etapa de mi vida, tal vez la mejor. Creo que a todos nos ocurre. Pero los cambios siguieron, más por dentro que por fuera, y buscar formas en las nubes fue dejando paso a otras búsquedas más complejas y a veces dolorosas.
3 – Lunas de Adolescencia
Para mí ésta fue una etapa de grandes descubrimientos. Se conformó una heterogénea sociedad entre la luna, los anteojos, la Enciclopedia y otros libros que por fortuna nunca dejarían de llegarme. Me convertí en lo que hoy llamaríamos un “Nerd” y eso no me afectó seriamente aunque en ocasiones me haya originado una breve situación de incomodidad.
La luna pasó a ser más una confidente y una fuente de inspiración, que un simple manantial de formas. En ella descansaban mis proyectos y mis desazones. Cuando llegué a la etapa de los amoríos, ella fue quien me inspiró los primeros atisbos literarios a los que acudí como forma de registrar mis memorias. Prescindí de las nubes y la luna fue Musa, Consejera, Madre y Maestra.
En esta época fue que apareció la música en mis desvelos, y la luna fue la guía que llenó mis pentagramas. A esta altura de mi vida la convocaba desde el escritorio de mi habitación, por las noches y a oscuras. O andando por las calles del barrio con paso cancino y mirada perdida. Pero sabiendo que de esa manera mi Alma se unía a Ella en un vínculo absoluto e íntimo, casi esotérico, del que más tarde me resultaron experiencias sorprendentes.
Esta fue para mi, por sobre todas las cosas, una etapa de adaptación y luchas, siendo cada uno de estos trajines las dos caras de una moneda. Debía luchar para poder adaptarme o debía adaptarme para poder luchar. Nada me era fácil ni simple y permanentemente debía superar las bromas y escarnios de mis compañeros, por verme diferente. Mi mejor amigo fue siempre el médico, quien me ayudó a superar alergias, calambres, empachos y dolencias varias. Aún hoy bromeo diciendo que durante mi vida casi pasé más tiempo en los quirófanos que en la escuela… Pero nunca me sentí derrotado ni me amilané. Muy por el contrario, todo aquello fue un excelente entrenamiento que me templó el carácter y me preparó para los encuentros de la vida adulta.
En los amoríos mi comportamiento no fue diferente. Como era inmaduro y tímido, no tenía éxitos ni por error. Y las pocas veces que una muchacha se enamoraba de mí, no hallaba la forma de hacérmelo notar. Mucho tiempo después alguno de mis amigos me comentaba lo que yo no había podido percibir, pero eso siempre me lo comentaron cuando ya era tarde y otro gavilán ya había dado cuenta de la presa.
En esa época la luna me vio conectarme con las Altas Fuentes, de donde pude copiar decenas de poemas, cuentos y canciones que mucho más tarde alimentaron una enorme hoguera depurativa. Ante el análisis sensato de la madurez, una mínima parte de ellos merecieron salvarse de las llamas. Y fue para bien, ya que en su momento llegaron a ser el motivo de mis mayores satisfacciones. Pero eso sucedió mucho después. Y no exagero al decir que todos los éxitos y las alegrías cosechadas se las debo a la Luna.
4 – Lunas de Juventud
Empecé a trabajar durante mi adolescencia y fueron mis primeros desempeños la plataforma firme para triunfos que llegaron después. Los comienzos también aquí fueron duros. Pero considero que el trabajo fue la señal que me identificó esta etapa.
Para estos años mis encuentros con la Luna fueron de verdad esotéricos, pues descubrí que no era casualidad que a través de Ella lograra conectarme con las Altas Fuentes. La técnica para lograrlo fue misteriosamente espontánea, porque nadie me hubo explicado cómo ni para qué hacerlo. Como cada uno lleva en su interior un cierto Programa de Vida, no es necesario que explique cual es la manera de hacerlo. Cualquiera con verdadero interés y con el Programa de Vida apropiado, lo puede hacer. En todo esto hay un solo, único e ineludible secreto. La Sinceridad.
Así aprendí a hablar con mi Ser Interno, mi Inconsciente o mi Dios Personal. Y llevaba encendida la Luna en mi corazón y mi mente hasta durante el día, prescindiendo del patio, del escritorio y las calles nocturnas. Ya no debía convocarla murmurando letanías, pues en mis encuentros con Ella todo era interno y absoluto. A esta altura aprendí que no existen los fracasos sino los destiempos. Cuando algo no resulta no es fracaso, significa que el procedimiento requiere más práctica, más energía, más concentración. Es verdad que podemos lograr todo lo que está en nosotros. Es verdad que somos los únicos responsables de nuestro destino. Pero debemos ser conscientes que aún nuestro Dios Interior nos impone límites. Aquí es fundamental la sinceridad, pues a través de Ella podemos descubrir cuál es nuestro camino y cuál es nuestro capricho. Sólo vale el primero y la energía puesta en el capricho siempre se pierde o conduce a un resultado erróneo.
La Felicidad es sólo un sentimiento de gran satisfacción por haber alcanzado un propósito.
El Amor es sólo la Energía que permite el encuentro de dos Almas compatibles y distantes.
La riqueza es sólo el medio que existe en las sociedades para que podamos satisfacer nuestras necesidades. Todo lo que sobre debe ser evitado. Si algo falta, es que en algo me equivoqué y debo intentarlo de nuevo.
Mi cuerpo es Mi Templo. Debo cuidarlo, limpiarlo, y ordenarlo, pensando en todo momento que lo debo restituir a la Madre Tierra en un momento que no puedo conocer.
Vivir es fácil y bello, pero nosotros lo estropeamos todo. No debemos sentirnos culpables, pues somos imperfectos y debemos insistir hasta lograrlo. La llave que nos abre todas las puertas es nuevamente la Sinceridad. Pero si no aprendemos a ser sinceros fracasaremos aunque no nos demos cuenta. No ser conscientes de nuestro fracaso es nuestra mayor condena.
5 – Lunas de Madurez
Podríamos creer que en los años adultos nadie necesita estar en contacto con la luna. Y necesariamente no es así. Muchas personas se contactan a diario o con frecuencia, con la Luna, la Madre Tierra, los Hermanos Mayores y otros Seres del Más Allá. En momentos de miedo todos pretendemos hacerlo, pero la falta de práctica muchas veces no permite que lo logremos. No es ningún secreto y todos lo podemos hacer.
La Luna me da su inspiración para todo y a cada instante. No importa a qué hora ni en qué cuarto. Ella vibra dentro de mi ser y me responde desde el corazón o la mente. A veces en la súbita aparición de alguien en la calle que me formula una pregunta o me pide algo. No hay que descartar a nadie, ya que cualquiera puede ser un Mensajero.
En ocasiones la respuesta no llega. Es cuando debemos verificar si estuvieron bien todos los procedimientos. Si todo está bien y nuestro llamado es sincero, debemos esperar. Los tiempos de la Luna no son los nuestros. Tampoco nuestras necesidades, ni nuestros espacios, ni ninguna otra cosa. No debemos ser como Tomás, que dudaba. Ni como Pedro, que temía. Ni como Judas, que entendió mal. Es un arte casi imposible reconocer cuales son nuestras verdaderas urgencias, nuestras reales necesidades y nuestros más firmes principios, si en verdad tenemos alguno. Nadie puede orientarnos, consolarnos ni respondernos con la Luz, el Poder y el Amor que necesitamos. No está bien acudir a supuestos intermediarios cuando tenemos la linea directa en nuestro propio ser.
Hoy sigo en contacto con mi Luna, pues no se agotan mis deseos de aprender y de crecer y todavía es Ella mi única fuente confiable. Asuntos de Familia, temas legales, de salud, dudas existenciales… todo forma parte de mis pláticas con Ella.
Tal vez haya sido a partir de la madurez que se hizo más fluida la comunicación entre nosotros. Tener un hogar y una familia para nada la obstaculizan. Cada uno puede a su tiempo y desde su espacio íntimo, efectuar su llamado, como con el teléfono.
Hubo más traslados y mudanzas, pero el cielo siempre es el mismo. Con su luna, sus nubes y sus estrellas, que aún me dibujan intrincadas criptografías y tortuosos jeroglifos, ahora casi como un ajedrez del firmamento, más que como mensajes personales.
La Luna no cambia a pesar de los años… pero nosotros, sí. Mi madurez está dando lugar, poco a poco, al ocaso. Y es necesario estar preparado.
6 – Lunas de Ocaso
Hubieron varios traslados y mudanzas. Mis antiguos cielos se trocaron hoy por un vasto panorama de piedras grises y vidrios centelleantes, ya que la tradicional ciudad de los coquetos chalets de estilos europeos cayó bajo las mazas del progreso para ceder el lugar a edificios del más puro estilo Miami. Mis encuentros con la luna, ahora son desde un modesto pero cómodo silloncito frente a la computadora, la misma que tantas energías me exigió para entenderla.
La Luna preside el conjunto sin molestarse en nada por la tecnología. Dos gatos perezosos duermen a mi lado como Guardianes y desde los ventanales se asoman los mil verdes del jardín que rige y riega mi Esposa.
Cada mañana, al enfrentar el espejo, me digo como toda la vida lo hice, las palabras de la antigua enseñanza: “¡Hoy tendremos otro día maravilloso!” Pero no dejo de notar que la imagen que me devuelve no es la misma de antes, aunque yo sí soy el mismo… Parte de las diarias lecciones es reconocer que nuestro Ser Interno no tiene edad. Pero nuestro vehículo sí. El espejo nos dice cuánto tiempo ha pasado, aunque por dentro viva el mismo niño del principio. El precio de la experiencia es casi no poder valerse de ellas.
Cuando devolvamos el vehículo sabremos que la misión fue bien cumplida. Siempre es bien cumplida. No es bueno sostener que obramos mal o lo pudimos haber hecho mejor. Eso malograría el programa cumplido. Lo peor que nos puede suceder es haber vivido una vida de preparación para otra mayor en ciernes. Y debemos estar felices y agradecidos por ella. Si fuimos sinceros, habremos obrado lo mejor que supimos, lo mejor que pudimos, lo mejor que nos fue permitido, según el programa que nos animó.
Este breviario sobre mis Lunas pretende ser un resumen de los capítulos de mi existencia. Casi digo “mi aburrida existencia” pero me detuve a tiempo. Siempre parece que toda la vida transcurre en un instante, pero no es así. Parece ser que al marcharnos nuestro Ser Interno activa en algún sitio un raro rebobinado de nuestra existencia y vemos pasar, como en una película, todo lo vivido en una rápida secuencia. La llamada Condenación no es otra cosa que la pesadumbre infinita que le sobreviene al Ser de Luz al despojarse de su cáscara y ver sus errores en una forma tan dolorosa que lo decide a enmendarlos de inmediato.
Ya terminando este confesativo, confieso que de cabo a rabo es el resultado de una exigencia de mi Luna. Ella me indicó escribirlo para referencia de otras Almas que se interesen el él. Nada hay de poético ni de mágico ni de exagerado. Es el detalle de la fórmula que integra aún el programa que me anima.
Este es para mi el reconocimiento que la mayor parte de mi libro ya fue escrita. Que me falta no más uno o dos capítulos y que pueden demandar varias hojas cada uno. Pero no otro tomo…
Mi Luna dice que ya puedo descansar. Igualmente permanece conmigo, en mi interior, aunque los altos edificios cubran mi horizonte, aunque en las calles trepiden los vehículos, aunque la gente se agolpe en las oficinas públicas, aunque una gigantesca nave nos espíe desde algún lugar del espacio.
Amigos, mes despido de Ustedes con al Mayor Afecto. Pueden copiarlo, divulgarlo y hasta, si les sirve, atribuirse su autoría (¡Pero cuidado con la Luna!)
Paz para Todos.
06.02.2018
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