MAGIA, MILAGROS Y MISTERIOS 



Es propio del hombre pretender destacarse o sobresalir de entre sus semejantes, por lo que, cada vez que puede, procura lucirse de alguna manera, hasta parecer un escogido entre todos. Así es que desde el más listo hasta el más lelo se sienten exuberantes a la hora de dar opiniones o emitir juicios sobre temas que creen importantes, o de los cuales se sientan eruditos, aunque en realidad no sepan ni pepa de lo que opinan. Muchos creen en la magia como un invalorable auxiliar para sus opiniones, por lo que comienzan a hilvanar ideas sin preparación previa, dejando todo sin más ni más, en manos de la confianza. Sin embargo, no está del todo mal, algo de eso existe. Corrijo, hay mucho de ello. Pero no sirve la improvisación sin una previa idea de lo que se va a presentar. Hace falta cuando menos un boceto general del tema, una columna vertebral inicial mínima sobre la cual desarrollar un ordenado tejido de conceptos sensatos, claros y efectivos, referidos al tema elegido. No es poco ese mínimum básico requerido: es bastante. Pero es verdad que, asegurando inicialmente ese mínimum, podemos, sí, dejar el resto librado a la magia. 1.. Magia La magia no es poca cosa. Es un concepto que tiene dos acepciones fundamentales y opuestas, que por ello permite controversia y confusión. Una es la acepción popular que, por lo que se acepta, consiste en el arte oculto que permite logros por medios sobrenaturales, entre los que pueden contarse pócimas, conjuros y rituales diversos casi siempre vinculados al demonio y su corte. Otra es el ilusionismo o prestidigitación, una serie de pruebas, muchas veces de gran técnica y deslumbrante práctica, que dan la apariencia de tratarse de un verdadero fenómeno propio del más allá, inexplicable por donde se lo mire. Desde Harry Houdini (1805-1871) hasta hoy, hubo magos de todo tipo y caletre, siendo David Copperfield (David Seth Kotkin, Nueva Jersey, 1956) tal vez el de mayor prestigio en nuestro tiempo. Y existe una tercera acepción, que creo es la principal: la maravillosa Magia de las Palabras, los Sonidos y los Silencios. Quien la domina es un verdadero Mago, un Hechicero, un Iniciado capaz de lograr los mayores prodigios de la Vida, más allá de los honores y las riquezas. Quien conoce este sublime arte, es capaz de dirigir y someter a los espíritus más oscuros y ebeldes, pues en su interior yace un gran poder cuyos alcances no son muy conocidos: el Verbo Creador. En efecto, este poder fue mencionado por los Sabios desde la más remota antigüedad, quienes lo protegían describiendo sus secretas propiedades, sólo dentro de un discreto círculo de iniciados. Antiguos anales nos relatan que el uso apropiado de los sonidos y los silencios permitía valerse de ellos como si fuera una herramienta valiosa, un elemento de increíble poder o un medio para dirigir las fuerzas de la naturaleza. La humanidad perdió hace mucho tiempo el poder de controlar esas energías, por haber sucumbido a la miserable tentación de utilizarlas para obtener oro, localizar piedras preciosas y alcanzar grandes riquezas. Pero un vestigio de ellas nos llegó en la forma de las vocalizaciones o mantras, sílabas o conjuntos de sílabas carentes de significado, utilizadas para lograr ciertas funciones poderosas de nuestra mente. Estas secuencias de sonidos se caracterizan por sus altas vibraciones que, al repetirse, se convierten en herramientas poderosas que nos permiten enfocar la mente y catalizar cambios significativos. El Verbo Creador fue el medio utilizado por los Maestros de Sabiduría para lograr los prodigiosos actos que llegaron a nosotros como oscuras sagas de autenticidad dudosa, debido al milagro que siempre evocaban. Así fue como incluyeron en sus anales sucesos como la Apertura del Mar Rojo por mediación de Moisés, la caída de los Muros de Jericó ante el asedio de los israelitas dirigidos por Josué, y la construcción de enormes monolitos, templos y diversas obras en piedra, cuyas ruinas o restos pueden verse en todos los rincones del mundo. Perdido definitivamente ese poder, sólo nos llegó la mensión de su existencia, que no alcanza para su correcta descripción y, menos aun, para tratar de recuperarlo a través de esos datos ínfimos. Sin embargo, nos queda algo rescatable de aquel poder olvidado. Quien conoce la posibilidad de usar las palabras y los silencios en el sublime arte de despertar emociones y recuerdos desde el archivo del inconsciente, es el mago más grande de nuestros tiempos. No es lo mismo valerse del lenguaje cotidiano con la simple finalidad de trasladar un conocimiento a un interlocutor, que para despertarle la exquisita posibilidad de crear su propio sueño, su palacio de cristal, su más excelsa partitura. Es ahí donde se pueden diferenciar fácilmente el lenguaje como elemento de comunicación y el singular medio capaz de entonar un himno, elevar una oración o trasladar el pensamiento a las regiones más altas de la conciencia. No es lo mismo la insípida perorata de un relator deportivo desde la pantalla de la TV, que un canto gregoriano dentro de la quietud y el recogimiento de una catedral gótica. Sin embargo, los altibajos de nuestra vapuleada civilización llevaron a que se perdiera el rastro del verbo creador hace mucho tiempo, casi con la certeza de no recuperarlo nunca más. Aunque por fortuna subsisten algunos vestigios de él en la poesía y la prosa poética, únicos baluartes de un conocimiento que nos hubiera adelantado siglos en el camino hacia la evolución. Mucho se puede exponer acerca de esta conocida magia, pero no todos pueden recibir el mensaje en forma apropiada. Ocurre que su verdadero efecto es interior, emocional y hasta espiritual y supera la posibilidad de describirlo verbalmente. No es sencillo presentar una alocución ante una discreta audiencia, que le llegue al Alma, a lo más hondo de su ser interno, hasta el umbral de las cuerdas más profundas, al punto de hacerle despuntar las lágrimas o ahogar un sollozo. Ese es el punto mágico del fenómeno, la señal inequívoca de que el mensaje ha sido comprendido en su total magnificencia. No hay punto medio. Sin esa señal, el auditorio no logró compenetrarse por completo del mensaje enviado. Tal vez parezca abusivo acceder a este nivel, pero es la única forma de comprender acabadamente que nuestro mensaje cumplió su finalidad, se acomodó en el casillero justo y está listo para que germine la semilla. Porque si no hay germinación, no hubo mensaje efectivo. Así llego al final de esta –para mí- sesuda explicación de lo que es la tercera y última acepción de la palabra magia, la más real, efectiva y poderosa. Ahora no más les queda llevarla a la práctica y comprobar si todo lo expuesto es o no verdad. MILAGRO Consultados nuestros buenos amigos de la RAE, responden que hay cuatro acepciones sobre esta palabra: 1.. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a una intervención sobrenatural de origen divino. Y serían sus sinónimos Maravilla, prodigio, portento, fenómeno y otros. 2.. Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa. 3..Exvoto, ofrenda dedicada a Dios, a la Virgen o a los santos. 4.. Fuera de estas existen otras a las que el uso y la costumbre le dieron vida propia, especialmente las vinculadas a la actividad paranormal, acaecida en lugares propicios como templos, hospitales, psiquiátricos, geriátricos y algunos monasterios, pero siempre ajenos a lo truculento y dramático, que quedarían relegados a la práctica de ciertas formas de magia, con la que no están relacionados. Insisto: los milagros, por más portentosos que se muestren, no son magia. En casi todos los casos, los milagros son sucesos fuera de lo común que se relacionan con la religión y el misticismo y aluden mayormente a curaciones inesperadas o sucesos sorprendentes, que se realizan por mediación de una deidad. El ser humano, acosado durante su vida por todo tipo de aflicciones y miserias, busca una forma de solución o alivio a sus males en lo que cree por su Fé que es la fuente prístina del Poder. Por eso se vuelve un devoto de lo que supone lo aliviará o lo sanará y se vale de numerosos medios que son el testimonio inocente de esa Fé que lo mueve. Por eso se arma de todo tipo de amuletos, talismanes y accesorios, tanto de origen religioso como profano, que usa como elementos devocionales en sus oraciones y ejercicios espirituales para alcanzar sus fines. Hay quienes se mofan de esas actitudes y adoptan posturas duramente criticables, olvidando que la ley de causa y efecto los expone de inmediato a una dura respuesta. Es verdad que la Fé de las personas muchas veces los lleva a excesos que no significan mal alguno para nadie, pero pueden ser motivo de escarnio para los incrédulos o los creyentes moderados. No podemos dejar de mencionar que la fuerza del pensamiento o de la convicción son capaces de despertar la ignota potestad de generar un milagro por sí mismos. Quien cree, puede: “la Fé mueve montañas”. Y es preferible no desafiar las energías yacentes en Ella. Es fácil hallar historias de grandes arrepentimientos como consecuencia de burlar la Fé de los creyentes verdaderos. Si bien existe una gran cantidad de sucesos incluídos como milagros genuinos, también es verdad que existen otros que no son dignos de crédito. Pero casi siempre es difícil asegurar si el caso cuestionado es o no real. San Dionisio de París, en el año 272 fue decapitado por predicar sus convicciones. Pero –según relatan las crónicas- aun así continuó su misión, predicando por la región con la cabeza bajo el brazo, como si fuera parte de su equipage. Se afirma que lo hizo durante seis kilómetros sin que se atrevieran a detenerlo. Pero poco después, al concluir su prédica, expiró. Santa Lucía de Siracusa: (283- Siracusa, Sicilia, 304) Martirizada por orden del emperador Diocleciano, quien al no lograr someterla ordenó su muerte. Antes de que se concrete la sentencia, sabiendo Ella que la belleza de sus ojos encendía la pasión de sus muchos encombrados pretendientes, se los quitó como acto de liberación. También hay versiones que dicen que le fueron quitados como parte de sus tormentos, pero pronto le fueron restituídos por intervención divina. . Por su tenaz negativa a casarse, se decidió finalmente entregarla a un prostíbulo. Pero se puso tan pesada que todos los soldados juntos no la pudieron mover. Al no poder someterla ni convencerla, se incendió su hogar con Ella dentro y aùn así Ella quedó fuera de peligro. Aunque estos supuestos milagros a los profanos puedan parecernos pura charlatanería, un feligrés devoto no lo tomaría tan a la ligera y es seguro que hallaría la forma de explicarlo cabalmente, tal vez hasta aportando una buena cantidad de pruebas. Probablemente, cualquiera que se mofe de los milagros, llegado un momento de prueba se aferre a la posibilidad de que sean reales y espere ansioso su manifestación. La historia está llena de pecadores arrepentidos que claman al cielo por su perdón. Incluso existen testimoios de ello hasta en los anales de la Santa Inquisición. No obstante, cada vez que se procura analizar uno de esos “arrepentimientos” estalla un volcán de dudas y contubernios peores que el mal que les dio origen, por lo que es probable que esos capítulos sombríos de la Iglesia, nunca se logren aclarar. MISTERIO Resumiendo y adaptando las definiciones mencionadas por la RAE, se entienden como misterios las siguientes posibilidades: 1.. Cosa secreta o recóndita, que no se puede comprender o explicar. 2.. Negocio, trabajo o artificio muy reservado. 3.. Conversación cautelosa y reservada, o con voz afectada para sugerir un sentido oculto. 4.. Pieza dramática propia de la Edad Media, típica especialmente de Francia y de la corona de Aragón, referida a un episodio bíblico. 5.. Arcano o cosa secreta en cualquier religión. 6.. Ceremonias sagradas de diferentes religiones, grupos esotéricos o propias del culto de algunas divinidades. 7.. En el cristianismo, cosa inaccesible a la razón que sólo debe aceptarse como objeto de fe. 8.. Cada uno de los pasos de la vida, pasión y muerte de Jesucristo. Ante todas estas consideraciones vemos que bajo ese término tan amplio se encuentran diferentes conceptos, no siempre relacionados entre sí, por lo que veremos que se aplica tanto a los ritos de devotos sacerdotes, como a la celosa obra de artesanos que protegen sus habilidades de quienes no pertenecen a sus cofradías. Y con un poco más de distancia por medio, a los grupos de artistas, técnicos y gente de oficio, reunidas en sociedades y gremios, para actualizarse y cuidar sus intereses. En la vida cotidiana podemos llamar misterio a multitud de sucesos que se producen cada día alrededor de nosotros sin que nos lleguen siquiera a dar un indicio de su existencia. Que nos crucemos en la calle con alguien que nos parezca conocido no es algo que nos debiera despertar curiosidad o inquietud. Que ingresemos a una institución de cualquier tipo, comercio, industria, escuela o cualquiera otra, tampoco significan en nuestra vida diaria un gran paso o un nuevo ciclo como para considerarlo una señal. Sin embargo todos esos mínimos pasos guardan en sí un importante punto o señal de energía que será importante en nuestra vida cada uno a su manera y a su tiempo. Si recordamos que en el universo nada existe separadamente sino que todo está íntimamente unido y forma parte de una cósmica sinfonía infinita, entenderemos que nada es casual, que nada es arbitrario y que todo tiene una explicación formidable de la que no podemos siquiera ser concientes. Dentro de cada latido de nuestro corazón, de cada aliento y de cada ciclo de pensamientos hay una delicada e infinita relación matemática, filosófica y trascendental que -aunque nos cueste aceptarlo- nos vincula con el todo infinito, la perfección y la eternidad… Creemos, inocentes e ignorantes, que todo sucede porque sí, y nos da lo mismo caminar que tomar un bus sin imaginar las inaccesibles fórmulas algebraicas, teoremas y anagramas que subyacen dentro de todo. Pocos pueden saber cuántos misterios vibran en la aparición de una mascota en casa. Sabemos que muchos se las quitan de encima de una manera u otra, sin amor, sin compasión, sin un esbozo siquiera de empatía. Pero sueñan con un hogar feliz y próspero, una familia armoniosa y con hijos sanos y buenos. Pocos saben que causas y consecuencias se agitan dentro del mismo cubilete. Y que también allí yacen nuestras intenciones, proyectos, dudas y miedos. En realidad los misterios son el desconocimiento del movimiento de ese cósmico cubilete que agitamos a cada instante seguros que todo resultará bien. Pero es difícil que todo resulte bien cuando ignoramos por completo aquello que podríamos llamar la Misteriosa Ley del Cubilete, cuyo enunciado nos advertiría que para tener una idea de lo que podemos esperar como resultado depende de que conozcamos muy bien qué es lo que colocamos en su interior. Magia, milagos y misterios, son sucesos que nos esperan a cada instante para sumarse a nuestra cotidianidad, pudiendo ser para nosotros un valioso auxiliar o un obstáculo insalvable, según la actitud que adoptemos ante ellos. Por sus características no los podemos considerar buenos o malos, porque son neutros. Depende de nosotros optar por los usos que les daremos. Llegando a esta altura del tema, doy por finalizadas mis consideraciones sobre él. Cualquiera que lea estas páginas, esté o no de acuerdo con lo que expongo, podrá volcar libremente lo suyo, con la serena convicción de que os podéis equivocar tanto o más que yo, sin temer que alguien os demande en procura de explicaciones. Mientras opinéis disfrutad de Paz Profunda. Saludos cordiales. Miguel Keegan 24 de noviembre de 2024.

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