NOCIONES DE CONVIVENCIA

 

 



Generalidades:

 

La convivencia es el arte de vivir sanamente en comunidad. Transcurrir el derrotero de la existencia en conocimiento de los derechos y deberes propios y ajenos, manteniendo un equilibrio estable entre unos y otros y favoreciendo una grata armonía con los demás.

 

Tanto las antiguas tradiciones de los pueblos como las más actuales investigaciones, están de acuerdo en que el mundo es un ser vivo, por lo que será preciso entonces ajustar nuestra conducta y pensamiento en ese sentido, admitiendo que nuestras reglas de convivencia deberán estar también dirigidas a ese importante ser vivo, el único hogar que tiene por ahora la Humanidad, al que debe preservar a toda costa.

 

Practicar el arte de la convivencia puede ser algo sencillo en la medida que obremos de acuerdo al sentido común y a la buena disposición. Pero será imposible para quienes no estén dispuestos a poner lo mejor de sí mismos. Aquéllos que no practiquen este arte y sus reglas estarán irremediablemente destinados a ser elementos discordantes en la sociedad y se ganarán la antipatía y el desdén de sus semejantes.

 

La convivencia debe prevalecer no sólo entre los individuos, sino que es fundamental que la practiquen los diferentes núcleos sociales, evitando que los conflictos de intereses actúen en su perjuicio. La armonía entre las naciones y los pueblos es un sueño que la humanidad aún no ha sabido concretar.

 

Los grandes logros se alcanzan a través de pequeños triunfos cotidianos, sumados  con esfuerzo y dedicación permanentes. Por eso es tan importante lograr la convivencia entre los ciudadanos, primer indispensable paso para lograr que la civilización se afiance como tal y logre un destino de grandeza.

 

La convivencia descansa sobre normas o principios elementales de respeto, que son fáciles de comprender y practicar. El respeto es otorgar a cada cosa el valor que tiene, dejando establecido que todo lo que existe cumple una función en la naturaleza, aunque nosotros no lo sepamos, no lo aceptemos o no lo podamos creer. En consecuencia, estableciendo las normas básicas de respeto es seguro que habrá de lograrse una convivencia óptima.

 

Seguidamente se detallan esas normas en forma sencilla y breve. Curiosamente, como tantos principios importantes de la vida, también pueden distinguirse siete grandes grupos fundamentales de aplicación universal. Conocerlos y aplicarlos significa un paso inobjetable hacia el arte de la Convivencia y la realización personal.

 

1.- El Respeto a la Naturaleza

2.- El Respeto a la Sociedad

3.- El Respeto al Conocimiento

4.- El Respeto al Poder

5.- El Respeto al Dinero

6.- El Respeto a la Propiedad

7.- El Respeto al Prójimo

 

El Respeto a la Naturaleza:

 

El Respeto a la Naturaleza es el primero y más importante de los respetos que debemos aceptar y practicar. Ella se manifiesta en nosotros a través de vibraciones y ciclos de actividad que encierran infinidad de leyes de vigencia universal, que deben ser conocidas y respetadas, pues de ellas dependen el clima, el comportamiento del suelo, la acción de los elementos, el desarrollo de los vegetales y los animales, la posibilidad del trabajo y la riqueza, la conformación de un hogar, la salud y la enfermedad y todas las demás manifestaciones de la existencia. Desde la poda de un cerco hasta los viajes espaciales, todo requiere un conocimiento de las leyes de la Naturaleza, que obran sobre nosotros aunque no nos importe. Desconocerlas significará no poder vivir en armonía con la vida y ello nos ocasionará todo tipo de dificultades, pudiendo incluso llevarnos a la muerte.

 

El Respeto a la Sociedad:

 

La Sociedad es el conjunto de personas y familias conviviendo en forma organizada. Cuando  vivimos en sociedad debemos conocer su sistema de organización, que se basa en leyes y deberes aplicables a todos. Una norma básica de aplicación universal dice que los derechos y libertades de cada uno terminan donde comienzan los de los demás. Los individuos conforman familias, las familias conforman pueblos, los pueblos conforman naciones y el conjunto de naciones, con sus diferencias de ideas, religiones y políticas, dan forma definitiva al mundo. Al mismo tiempo, los individuos integran diversos núcleos sociales básicos y transitorios según los fines que persigan. Así es como surgen las escuelas, integradas por individuos reunidos en una comunidad de aprendizaje; las religiones, que reúnen individuos vinculados por una comunidad de creencias y dogmas de fé; los partidos políticos, que comprenden individuos de una misma tendencia dirigente, y una gran variedad de sociedades y fraternidades de las más diversas características. Los lugares de trabajo son unidades sociales de primer orden debido a que en ellos transcurrimos una buena parte de nuestra vida y están constituidos por pequeñas células unidas en un interés común de esfuerzo, producción y beneficio mutuo. Una nación rica depende de que sus diferentes células constitutivas desarrollen sus actividades en forma armoniosa y estable, y que el respeto recíproco siente las bases de su solidez y poderío.

 

El Respeto al Conocimiento:

 

En la sociedad que nos toca vivir estamos lejos de la armonía y estabilidad que todos ansiamos y uno de los desafíos más importantes que hallamos es la aparente desigualdad de posibilidades. Este desafío debería poner en marcha los mecanismos internos que nos permitan superarlo. Una persona normal sabe que se deben superar los obstáculos de la vida a través del esfuerzo, la preparación, el estudio y el rechazo llano de los falsos postulados enarbolados por agentes de intereses egoístas. Pero no todos aceptan estas verdades y creen que es mejor adoptar otras posturas en apariencia más veraces, más prácticas o más eficaces. Así es como en la sociedad se establecen de pronto dos posturas irreconciliables, surgidas a partir del conocimiento. Quienes han tenido la posibilidad de recibir algún grado de formación se colocan en una posición antagónica con respecto a quienes no. Quienes pudieron acceder a una forma confiable de conocimiento están mejor preparados para afrontar los desafíos de la vida y entre ellos están quienes pueden detentar facultades directivas, debido al desarrollo y posibilidad de aplicación de su inteligencia, a su poder de análisis y a su capacidad creativa.

 

El conocimiento es un preciado bien que genera dos condiciones: quienes accedieron a él y quienes no. Para que la sociedad pueda continuar su desarrollo en paz, debe existir entre sus integrantes un firme respeto hacia el conocimiento, porque éste resulta ser una forma de luz para la civilización. Está establecido que haya en los diferentes grupos sociales distintos medios para que los individuos puedan acceder a él. El conocimiento hace al hombre más apto para todo tipo de tareas, lo prepara para reaccionar con mayores recursos internos a los diferentes estímulos, le permite colaborar con el afianzamiento de los núcleos sociales en los que actúa y hasta lo prepara para brindar su propio poder cognoscitivo a sus semejantes. Es por ello que el Respeto hacia el Conocimiento debe ser otro de los pilares firmes de la sociedad y quienes han podido abrevar en sus fuentes deben ser los custodios permanentes de la verdad y los valores intrínsecos que la animan.

 

El Respeto al Poder:

 

Esta es una palabra que con facilidad se la toma en forma equivocada y se tiene al Poder como algo capaz de doblegar las voluntades, sojuzgar a los individuos y transformar a las sociedades en rebaños indefensos. Sin embargo este es el aspecto negativo del poder y sólo se manifiesta en circunstancias, momentos y lugares especiales, como un tumor social  y/o político. Probablemente esos tumores surjan como indicios de una sociedad inmadura y es de suponer que desaparecerán con su evolución.

 

Dentro de una sociedad, el Poder está representado por la persona o la institución que tiene la misión y responsabilidad de dirigir. Normalmente debe aceptarse que así como en la vida todo obedece a una ley universal, en las sociedades existe una ley particular propia de cada una y que debe haber una capacidad rectora que la conduzca hacia su destino previsto. Una Universidad está dirigida por un Decano asistido por un cuerpo de colaboradores idóneos, con la misión de arbitrar los medios necesarios para que en sus instalaciones se puedan enseñar diversas disciplinas. Un Club tiene una Comisión Directiva que vela para que la institución brinde a sus asociados el mejor servicio. De la misma manera una Empresa tiene sus directivos, quienes toman las decisiones fundamentales para cumplir los fines que la motivan, asistidos también por asesores y supervisores. El respeto de los subordinados a ese poder determina que la empresa cumpla eficazmente su cometido y cualquier objeción efectuada fuera de los cánones, adquiere la característica de un obstáculo. La sociedad en general no puede funcionar si no es de la misma manera que la naturaleza, con sus leyes y principios, con sus medios y sus fines. Y sus integrantes deben saber que tiene que haber un equilibrio estable y firme entre el poder dirigente y el poder dirigido.

 

También debe mencionarse otra forma de Poder, tal vez menos evidente pero no menos importante. Es el Poder Interior individual. Este poder es de naturaleza espiritual, psíquica y/o mental, pero se manifiesta en todos los aspectos de la vida. Se evidencia aún en individuos de poca instrucción académica, lo que permite aceptar que su orígen no estriba en la capacidad cognoscitiva sino en una capacidad diferente, de aplicación casi en cualquier medio y actividad, capaz de suplir cautamente el conocimiento con el sentido común, la lógica, la intuición y otras facultades insoslayables. Ellos poseen también una humildad natural, que los hace elementos de valor en todos los grupos sociales, como así también una buena dosis de versatilidad, capacidad de armonización, poder de adaptación y servicio y un generoso caudal de ingenio. Son formadores y coordinadores natos, no molestan, callan a tiempo, conocen sus aptitudes y falencias, saben de sus capacidades, alcances y  posibilidades de acción, son respetuosos de todas las leyes y principios y están casi siempre listos para lo que se les requiera. Estos individuos son piezas amalgamantes en las diferentes sociedades y contar con ellos es un recurso casi luminoso que siempre cae bien, mientras que  -como en todos los casos-  no se caiga en los excesos. Como dice un antiguo proverbio: “Practicar la moderación y evitar todos los excesos, aún el exceso de moderación”...

 

El Respeto al Dinero:

 

Existen normalmente dos conceptos diferentes sobre el dinero. Uno lo convierte en algo casi mágico, foco de los mayores anhelos, inspirador de los más increíbles métodos para obtenerlo y causa de las más disparatadas acciones para conservarlo. El otro lo convierte en todo lo contrario, un fruto del mal a causa de los conflictos que ocasiona, destructor de personas y hogares, corruptor de las mentes más imaginativas y aniquilador de sueños y proyectos. Sin embargo estos dos conceptos son erróneos.

 

El dinero no es más que la energía movilizadora de las sociedades, la sangre de todos las actividades materiales, el combustible de toda realización. En sí no es bueno ni malo, sólo es útil. Lo que es bueno o malo es el medio del que uno se vale para obtenerlo. Ya que nadie puede vivir en la sociedad sustrayéndose a sus beneficios, hay quienes se valen de medios inmorales o ilegales para lograrlo, al no poder obtenerlo de otra manera por falta de capacidades propias. También hay quienes caen en el vicio de la avaricia y ninguna riqueza les resulta suficiente como para hallar satisfacción. Su afán es imposible de saciar y todos los tesoros les resultan escasos.

 

Dentro de la sociedad lo correcto es saber que hay medios diferentes de obtener dinero o riquezas y que cada uno de ellos tiene una cotización según la ley universalmente entendida y aceptada de oferta y demanda. La riqueza es un don universal, ilimitado, que se brinda en forma natural a quien sabe alcanzarlo. Su fuente es inagotable e infinita. Nadie puede tomar del universo la riqueza que le corresponde a otro. Pero sí puede ocurrir que alguien le impida a otro de menores aptitudes, alcanzar la riqueza que busca merced a engaños y maniobras dolosas.

 

La paz interior de un individuo nace de la aceptación de las reglas imperantes en la sociedad que le toca vivir, del lugar y la época en que debe desenvolverse y de sus posibilidades para desarrollarse entre ellas. El respeto al dinero se manifiesta en el equilibrio entre el deseo de riqueza, la capacidad para generarla y la aceptación de los códigos éticos que permiten su obtención. Desconocer ese equilibrio y entregarse a la vorágine de lograrlo fuera de las leyes, es caer en la inmoralidad y el delito.

 

El Respeto a la Propiedad:

 

La propiedad de una persona es aquello que le pertenece por derecho. En una sociedad sana y justa la propiedad privada o personal es respetada. Se diferencia de la propiedad colectiva, que es aquella que pertenece a varios o a todos los miembros de una comunidad, como los bienes societarios de una entidad o los bienes generales de una ciudad.

 

Hay varias categorías de propiedades colectivas conforme a su jerarquía de pertenencia y es imperioso reconocerlas y aceptarlas. Los bienes colectivos existen para brindar bienestar, servicio o utilidad a muchas personas y es fundamental que todos acepten ese postulado, pues el mal uso o el abuso de unos significa la carencia para otros. Un ejemplo de esto es el uso del agua potable, el de los parques y paseos públicos y el de las instituciones de servicios. Hoy se ven errores en el uso de las propiedades colectivas en muchas comunidades y resulta difícil comprender cómo hay individuos que destruyen, hurtan o mal utilizan elementos de gran valor y hasta recursos naturales. Esta actitud desaprensiva provoca un desequilibrio en la naturaleza y provoca una respuesta de Ella para compensarlo. Y es sabido que esa respuesta siempre es dramática.

 

Dentro de una institución, la propiedad puede ser de diversa índole. En los hospitales, los bienes son las instalaciones, los equipos y los medicamentos. En las escuelas, los muebles, útiles y elementos de enseñanza. Y en una Empresa, los bienes de uso, las instalaciones y los muebles y útiles. Si bien ella se incorpora siempre por una compra de la autoridad regente (el Municipio, la Cooperadora o el Directorio), su beneficiario es la comunidad a la que están dirigidos. Y esta comunidad debe ser a su vez su celoso custodio.

 

Uno de los errores más elementales de las comunidades actuales, es la de considerar marginal a quien detenta la autoridad o el control, sin considerar que ese es un concepto impuesto por mentes aviesas que se beneficiarán con el caos que predican. En una comunidad organizada, todos sus miembros deben ser custodios de los bienes colectivos y la denuncia de las irregularidades una actitud ejemplar.

 

El Respeto hacia el Prójimo:

 

Seguramente esta es la forma de respeto más complicada para aceptar y sin embargo es fundamental como norma de convivencia en una sociedad. La dificultad de aceptar a los demás nace casi siempre en el natural egoísmo del hombre, que tiende a considerar a sus semejantes como enemigos. Este es un rasgo psicológico de tipo arcaico, instintivo y con raíces en la tendencia primitiva de la supervivencia del más fuerte. Es común ver cómo se descalifican opiniones sólo por conocer quién las emite, evidenciándose una forma abierta de xenofobia. Por igual motivo, países desarrollados en otros aspectos muestran sus hilachos vergonzosamente al marginar razas, nacionalidades, orígenes y hasta oficios. De nada sirven los alardes tecnológicos y los eufemismos democráticos a la hora de demostrar el respeto hacia todos los ciudadanos.

 

En una sociedad sanamente constituída no son necesarias leyes que reglamenten el respeto y los derechos de cada uno, pues se supone que ellos surgen en forma espontánea del cotidiano intercambio de gestiones. Reglamentar que no se permite fumar en el transporte público, significa que la sociedad aún no alcanzó el desarrollo suficiente como para saberlo por sus propios medios. Indicar que no se debe arrojar residuos en una plaza, permite comprobar que al menos una parte de la población carece de la madurez suficiente como para descubrir por sí misma una verdad tan elemental. El respeto hacia el prójimo está proporcionalmente relacionado con la evolución de la sociedad y sus individuos.

El paso de los años demostró que no siempre el tiempo es padre de la evolución. Por ello es que conceptos elementales de convivencia otrora conocidos y aceptados por la mayoría de la población, hoy son desconocidos y hasta negados de plano. Por alguna razón floreció un tipo de descontento hacia las normas básicas de respeto, que acabaron por poner a la sociedad en un estado de emergencia que no parece retroceder. Y si bien ese estado afecta la médula de las naciones, da la impresión que a nadie le importa y que la comunidad organizada va en pos de su propia destrucción. La pobreza, el terrorismo y el desequilibrio ecológico son los agentes que lenta pero inexorablemente pondrán las cosas en su lugar a través del dolor y la locura. Tal vez sirva de algo decir que aún estamos a tiempo de cambiar las cosas y poner a todo en su lugar, pero deberíamos comenzar todos juntos y ya.

 

El respeto hacia el prójimo puede sintetizarse a través de un ingenioso escrito anónimo que circula desde hace años por diversos medios y vale la pena mencionar.

 


Si abrió, cierre.

Si encendió, apague.

Si conectó, desconecte.

Si desordenó, ordene.

Si ensució, limpie.

Si rompió, arregle.

Si no sabe arreglarlo,

Busque a quien lo haga.

Si no sabe qué decir, calle.

Si debe usar algo ajeno,

pídalo prestado.

Si pidió prestado, devuelva.

Si lo llaman, acuda.

Si desconoce cómo funciona,

no lo toque.

Si es gratis, no lo desperdicie.

Si no es asunto suyo,

no se entrometa.

Si no lo puede hacer mejor,

no critique.

Si no puede ayudar, no moleste.

Si prometió, cumpla.

Si ofendió, discúlpese.

Si no sabe, no opine.

Si opinó, hágase cargo.

Si algo le sirve, cuídelo.


 

Como se entiende a través de esta síntesis fruto de la sabiduría popular, no es difícil tomar una iniciativa positiva para tratar de poner en práctica las normas básicas de respeto que permitan  alcanzar la estabilidad social. Es más una cuestión de decisión personal que otra cosa. Bastaría con reconocerlo y aceptarlo.

 

Conclusión:

 

Practicar estas Normas de Convivencia es una obligación moral para todos. Así deberíamos reconocerlo, como lo reconocieron tantas personalidades ejemplares que trabajaron en diferentes latitudes por la elevación del nivel general de conciencia, cuyo legado aún late entre nosotros como un ejemplo vivo a seguir. Cada uno de nosotros puede y debe ser un agente del respeto activo que afianza a las sociedades y convierte al mundo en un hogar digno para vivir. Desde los lugares donde la vida nos colocó, seamos entonces un foco del Amor que todo lo puede. Estamos todos invitados.

 

 

 

Miguel Keegan

05 de marzo de 2006

Comentarios

Entradas populares de este blog

CRÓNICAS DE MIS LUNAS